¿Tienes la sensación de no ser más que un número para tu abogado?

Cuando contratas un abogado que te represente en esta batalla de la lucha por la Custodia Compartida (probablemente sea la primera vez que acudes a este tipo de profesionales), piensas que éste será “TU abogado”. Me refiero a que podrás decir como estos cursis que salen en la tele diciendo: ¡Tendrás que vértelas con mi abogado! Pero, enseguida descubres que, de TU abogado, nada de nada. El primer día, parece que todo lo tienes ganado con él. El segundo día, te responde al teléfono y te resuelve alguna duda. Pero, según pasa la semana, empiezas a tener la sensación de que este señor, o señora (te darás cuenta que este es un ramo donde el número de profesionales femeninos supera con creces al número de hombres), está pasando un poco de tus llamadas o tus emails. Ahí es cuando llega un choque con la realidad. Es el abogado de tropecientos clientes como tú. Eres uno más. Un número. Parece que le molesta que le pidas cita para comentarle cualquier problema que te haya surgido con la madre de tu hijo.

La realidad, es que el abogado es un profesional. Y, como tal, hace su trabajo, en un horario más o menos amplio, se presenta a los juicios que tenga que ir el día que le toca, y se prepara el próximo juicio que tiene en su calendario. Entonces, ¿dónde está lo tuyo? Como decía aquel escritor en su entrevista con Mercedes Milá: ¿Cuándo hablamos de mi libro? Y es que parece que los abogados trabajan como el estudiante que sólo estudia el día antes del examen. Es evidente que no se va a ir a la cama con tu caso en la cabeza. Tiene que desconectar de su trabajo cuando llega a casa. A lo sumo, estará dándole vueltas al juicio que tiene en unos días. Sin embargo tú, estás que no duermes. Vas por ahí como pollo sin cabeza. ¿Cómo irá lo mío? Mi abogado no me ha llamado en una semana. ¿Se habrá olvidado de mí? ¿A caso no le estoy pagando para que haga todo que haga falta para sacar esto adelante?

Son abogados. No son tus amigos, tus consejeros, ni tus psicólogos. Pero, si lo que quieres es alguien que esté ahí, para resolverte las dudas, para escucharte, para que te sientas acompañado en este sin vivir,

TENGO LA SOLUCIÓN (CTA)

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